Queridos Reyes Magos

Queridos Reyes Magos (¿magos es especie?):

Aunque mi concepción afarensis de las cosas no me permite comprender completamente el concepto de “rey mago” los sapiens me han explicado que sois hombres sabios, y que este término griego μάγος (mago) se refiere a hombres de ciencia.

Desde que convivo con los humanos modernos he aprendido que la ciencia puede aportarnos conocimientos maravillosos y que es precisamente el conocimiento lo que mejor os define como especie. Por eso he decidido hacer caso a los sapiens y escribiros con mi lista de deseos para 2014:

  • Que no se olvide nunca la importancia de la ciencia y el conocimiento. Hay que apoyar la ciencia con la misma pasión con que los científicos trabajan en ella. Nosotros, desde nuestra pequeño rincón del mundo seguiremos haciendo todo lo posible para que el conocimiento llegue a todas partes.
  • Ahora que se ha confirmado la capacidad simbólica de los neandertales (cosa que ya nos olíamos en la galería) me gustaría que le trajeséis a Valdy un lote de películas, es un gran cinéfilo.
  • A la Sra. Ples le gustaría terminar con las dudas sobre su identidad sexual, a ver si podéis hacer algo al respecto…
  • Para el Paronthropus, me gustaría pedir un disco del grupo Tokio Hotel. Desque que Cascanueces vió la cresta de su cantante se siente más orgulloso de su cresta sagital. Creemos que le ayudará a sentirse parte de un grupo de nuevo.
  • Homo habilis quiere un kit de punto de cruz. Quiere hacerle un taparrabos a Miguelón por si tiene que volver a China.
  • H. georgicus está ensimismada con las últimas investigaciones de Dmanisi sobre su especie, así que esperamos que en 2014 haya más datos.
  • El niño de Turkana quiere un monopatín. Hay que comprender que está en la edad… por nuestra parte nos comprometemos a que no lo use mientras haya visitas en el Museo.
  • H. antecessor se quedó un poco deprimido con su fama de “caníbal de niños”, a ver si podéis echarnos una mano para que su especie sea conocida también por otras muchas cosas.
  • A rodhesiensis le gustaría que se inaugurara muy pronto la reserva de bisontes de Atapuerca, aunque dudamos que le dejen usarla como despensa.
  • Lo que más le gustaría a Miguelón es que sigan visitándonos en el Museo. Ya sabéis que este heidelbergensis siempre piensa en el grupo y en ampliar la #tribuATA. La verdad es que a todos nos enorgullece ver a los mini-sapiens observarnos en la galería con sus caras de asombro y sus miles de preguntas.
  • También me gustaría pedir uno de esos Nobel para el equipo de Atapuerca, no tengo muy claro que son pero me han dicho que son casi tan importantes como Excalibur. Después del descubrimiento del ADN de 400.000 años yo creo que se lo merecen. Pero sobre todo, que Arsuaga, Carbonell y Bermúdez de Castro sigan descubriéndonos cosas maravillosas sobre nuestra historia.
  • Por último, me gustaría que trataráis muy bien a los sapiens que trabajan en el Museo de la Evolución Humana y que ayudan a que todos nos conozcáis.  Espero que consigan todo lo que se propongan, incluso aunque eso signifique que emprendan nuevos rumbos y los echemos de menos.

Lucy.

P.D. ¿Vosotros sois más de brotes o de galletas?

 

Miguelón, en La Roja de Del Bosque

“Podría ser un central infranqueable, pero con poco dribling”

“Presentaría una forma física muy potente. Me permitiría aguantar grandes esfuerzos”

“Por mi cuello robusto y musculoso tendría un remate potente e imparable”

“Desde luego, si en algo destacaría en el fútbol sería tirando faltas con muchísima potencia”

Como sabéis, Vicente del Bosque ha estado en mi casa, el Museo de la Evolución Humana, porque le hemos querido hacer, sapiens y heidelbergensis, un homenaje al presentar un pie de un primo mío de la Sima de los Huesos, de medio millón de años, es el más antiguo del mundo que se ha podido asociar y como dice Juan Luis Arsuaga, director científico del MEH, esta foto es única.

Vicente del Bosque en el MEH_001

 

Pues bien, le he preguntado al equipo de Juan Luis Arsuaga contesta a las preguntas sobre la posibilidad de que un Homo heidelbergensis, es decir mi tribu y ho, que vivimos hace medio millón de años, jugara en la selección de Vicente del Bosque.

¿Por la complexión física del Homo heidelbergensis en qué posición de la selección jugaría?

Por lo que se conoce del cuerpo de estos homínidos presentarían un cuerpo ancho, con un peso estimado de más de 90 Kg y una estatura media de 173,3 cm. Con estas características no es fácil encontrar similitudes entre futbolistas. Se parecería más a un “pilier” de rugby, con mucha potencia, pero poca velocidad punta. Desde luego podrían ser unos centrales infranqueables, pero con poco “dribling”.

 

Vicente del Bosque en el MEH_015

¿Sería diestro, zurdo, o jugaría con las dos piernas?

Hay varias evidencias que indican que los homínidos de la Sima de los huesos utilizaban principalmente la mano derecha, y con los pies más bien utilizarían también el derecho.

¿Podría aguantar bien los noventa minutos de juego de fondo y forma física?

Con el tamaño corporal que presentaban estos homínidos, presentarían una forma física muy potente. Lo que les permitiría aguantar posiblemente grandes esfuerzos físicos.

¿A qué velocidad en carrera se podría desplazar?

La velocidad no sería su fuerte, ya que tenían cuerpos muy robustos y pesados. Serían buenos “cuerpeando”, pero no en velocidad.

¿Físicamente a qué jugador de la selección española se parecería?

Más que a un jugador de fútbol, se corresponderían con un “pilier” de rugby. Lo más parecido entre los futbolistas sería un defensa central muy ancho, con mucha potencia y poco dribling

¿Por lo que sabemos de su cráneo podría rematar de cabeza?

Los humanos de la Sima de los Huesos presentan lo que llamamos “frente huidiza” con un gran reborde óseo sobre los ojos. Si rematasen de cabeza, no lo harían con la frente, sino con ese reborde óseo muy robusto. Presentaban un cuello robusto y musculoso, por lo que serían unos remates potentes e imparables.

¿Hasta que edad podría estar en activo?

Posiblemente pudiesen estar en activo hasta una edad similar a los deportistas actuales. Con un cuerpo tan grande, tendrían mucho desgaste, pero tendrían suficiente forma física y potencia como para aguantar grandes carreras.

¿Tiraría bien las faltas por su potencia?

Desde luego, si en algo destacarían en el futbol actual sería tirando faltas con muchísima potencia.

¿Tendría muchas lesiones?

No se han hallado graves lesiones que les impidiesen desplazarse. Pero con unos huesos tan robustos posiblemente tendrían problemas musculares por sobre-esfuerzo o por aplicar demasiada potencia. Se ha observado en algún caso fracturas por estrés, típicas de corredores de maratón que corren grandes distancias. Se trata de micro-fracturas o micro-fisuras en los huesos del pie o la tibia que no les impedirían desplazarse, pero si les resultarían molestas.

Consejos para dar al seleccionador Del Bosque si el heidelbergensis jugara en la selección.

Es difícil encajar el cuerpo de los homínidos de la Sima de los Huesos con el físico de algún jugador de la selección. Pero podrían jugar en cualquier puesto que requiriese mucha potencia, posibilidad de “cuerpear” y poco dribling.

¿Los neandertales tendrían un cuerpo mejor adaptado para el fútbol?

Los neandertales son un poco más bajos que los humanos de la Sima de los Huesos con cuerpos igualmente muy robustos. Pero, tanto los neandertales como los de la Sima de los Huesos destacarían en deportes como el rugby, cualquier deporte de lanzamiento o cualquier actividad física que requiriese potencia y resistencia.

 

Los paranthropus

Me acompaña en la Galería de la Evolución Cascanueces, después de los dos Australophitecus, Lucy y el africano, os cuento ahora cosas de esta nueva especie que aparece en el blog: el Parantrophus.

Paranthropus aethiopicus

Se ha querido ver en esta especie (definida desde 1967, por C. Arambourg e Y. Coppens), un estado evolutivo intermedio entre el A. afarensis y el P. boisiei, ya que muchos de los rasgos que caracteriza la anatomía de los parántropos aún no están presentes en esta especie, y otros sólo lo están de manera incipiente. Al igual que P. boisei, es exclusivamente esteafricana (principales yacimientos en Etiopía –río Omo-, Kenya –Turkana).

El resto más conocido de esta especie es el cráneo WT 17000 o Cráneo Negro, de 2’5ma, fue descubierto por Alan Walker (Pennsylvania State University) en el lago Turkana (Kenya). Presenta una estructura morfológica craneal que responde a una hipermasticación: molares enormes, mandíbula grande, articulación mandibular con estructura primitiva, cresta sagital (más leve en hembras) y un arco cigomático considerablemente desarrollado y abierto (lo que nos indica un paquete muscular muy desarrollado en la mandíbula). Frente a esta robustez craneal, es curioso observar su escaso encéfalo: 320-380cc.

En general, es mucho más robusto que las especies anteriores, sobre todo en lo que se refiere al cráneo y en la dentición, pero también en los huesos poscraneales.

Paranthropus robustus

Esta especie de Parántropo (2/1’8-1ma) fue definida en 1938 por R. Broom (paleontólogo escocés). Sólo se han encontrado restos en África del Sur (pueden proceder de una migración hacia el sur de la especie anterior); en yacimientos como Kroomdrai, Drimolen, Gladysvale, Swartkrans (todos ellos son cuevas localizados en sistemas kársticos)…

Se cuentan con colecciones amplias procedentes de Kroomdrai y Swartkrans, como por ejemplo,  restos craneales (que señalan una capacidad craneal máxima de 550/530cc aprox), mandíbulas, piezas dentales, huesos del brazo, caderas. Estos individuos presentan un elevado grado de dimorfismo sexual, con machos de 40kg de peso y 1’35m de altura aproximadamente, y hembras de 30kg y 1’10m.

Entre los restos más destacados podemos nombrar (por orden de imagen): el cráneo SK-48 (encontrado por Broom y Robinson en 1952, en Swartkrans), el cráneo ‘Eurydice’ (DNH-7) y la mandíbula ‘Orpheus’ (DNH-8), ambos encontrados en Drimolen por Andre Keyser en 1994.

A través del polen y los restos vegetales y animales, se puede hacer una reconstrucción del entorno. Sabemos que vivían en unas regiones en las que las zonas bajas eran más abiertas, y más boscosas en zona caliza.

boisei

Paranthropus boisei

Esta especie fue definida en 1959 por L.S.B. Leakey. Aparece exclusivamente en el Este de África (por ejemplo, en el valle del río Omo en Etiopía, a orillas del lago Turkana en Kenya, o en Olduvai en Tanzania). Y se barajan fechas comprendidas entre 2’3-1ma.

El resto más destacado es OH5 o ‘Dear Boy’(de hecho, es su holotipo), también denominado el ‘cascanueces’, descubierto por Mary y Louis Leakey. Su descubrimiento fue muy relevante ya que en treinta años de campañas de excavación no había aparecido ningún resto de hominino y, tras el hallazgo, Olduvai aportaría colecciones mucho más amplias.

Es el más robusto de los parántropos en cuanto a los rasgos del cráneo (ejemplo en la imagen de KNM-WT 17400). Presenta unos molares tremendamente desarrollados y un aparato mandibular enorme. A pesar de poseer un cráneo muy masivo, su capacidad craneal ronda los 500cc.

Gracias a los restos poscraneales, podemos hablar de una estatura entre 1’20 y 1’35m, y un peso de 30 a 50kg. En cuanto al hábitat, todos los hallazgos confirman un medio abierto y seco, tipo sabana. Finalmente, parece que su extinción coincidió con la de su especie hermana de Sudáfrica, hace 1ma.

 

 

Mrs. Ples, la compañera de Lucy

Seguimos con los Australophitecus. Tras la visita de Donald Johanson al Museo de la Evolución Humana, aquí le veis contemplando mi cráneo con Juan Luis Arsuaga, se más de esta especie, de la que forma parte Lucy, mi compañera bloguera. Hoy os hablaré del A.bahrelgazali, del A. africanus –mi amiga Mrs. Ples que nos acompaña en la Galería del Museo- y del A. gahri.

 

 

Australopithecus bahrelgazali

Fue descubierto por Michael Brunet, en Koro Toro en 1996 (República del Chad). Realmente, es idéntico al A. afarensis, sólo que se encontró a 3000 km del Este africano. Sólo presenta dos novedades (que pueden encontrarse dentro de la propia variabilidad de la especie): una sínfisis mandibular más desarrollada y más robusta, y unas cúspides de los premolares más desarrolladas. Su capacidad cerebral es de 400 cc.

En la comunidad científica, suscita numerosas cuestiones sin resolver y no es de gran ayuda que su holotipo (fósil guía) sea una mandíbula.

Tiene asociado a sus restos, numerosos fósiles de animales asociados a un ecosistema de sabana.

Australopithecus  africanus

Esta especie dio nombre a todo el género Australopithecus cuando, en 1924, se descubrió el llamado niño de Taung. Este fósil fue encontrado por Raymond Dart en las canteras de Taung, cerca del desierto de Kalahari. Dart bautizó a los restos con este nombre y fue el primero en estudiarlos, aunque no todas las conclusiones a las que llegó fueron acertadas. Dart creía que eran monos asesinos, a los que les encantaba la carne, y que realizaban herramientas, no en piedra, sino con huesos, dientes  y cuernos, una industria conocida como osteo-donto-querática. Sí es cierto que Dart se equivocó en este aspecto (está suficientemente demostrado que los Australopithecus eran, más bien, las víctimas, como ocurre con el niño de Taung[1]), pero consiguió presentar ante el mundo lo que él consideraba un antepasado humano (por lo que fue muy criticado) totalmente bípedo.

Aunque aparecen restos de esta especie  con 4ma, la mayoría de los restos pertenecen a 3’2-2ma en cuevas de Sudáfrica: Sterkfontein, Makapansgat, Taung…

Era perfectamente bípedo, como así lo indican la situación del foramen, extremidades, pelvis, etc. Su caja craneal es alta, redondeada (480-520 cc, algo superior a la de afarensis) y menos neumatizada. Su cara es más corta, con una reducción del prognatismo (aunque sigue manteniendo este rasgo) y una reducción de las piezas dentales (aunque los caninos mantienen el mismo tamaño y el esmalte sigue siendo grueso).

Su esqueleto poscraneal es similar al de A. afarensis. Eran individuos pequeños y gráciles, con un gran dimorfismo sexual (con machos de 1’38m de altura y un peso de 41kg, y hembras de 1’15m y un máximo de 30kg).

De entre los restos de esta especie, podemos destacar a la Mrs. Ples (siglas Sts 5). Es un cráneo muy completo y emblemático, hallado en 1947 en Sterkfontein (Sudáfrica) por Robert Broom. Aquí os presento a Mrs. Ples en la Galería de la Evolución del Museo.

En una pequeña cámara de la cueva sudafricana de Sterkfontein, una sima denominada Silberberg Grotto (fechada en 4 ma), Ronald Clarck descubrió (en 1997), los huesos de un pie bípedo. Este pie era primitivo, con la parte anterior de un chimpancé, y la parte posterior de un sapiens. Para saber más sobre él, necesitaban encontrar los demás restos, pero la sima estaba plagada de fósiles. Ronald escogió a dos ayudantes y les hizo encontrar la tibia en la que deberían encajar los restos del pie. Consiguieron encontrarla dos días más tarde y en campañas posteriores recuperaron el homínido al completo.

En torno a este individuo existe un gran debate ya que posee mezcla de rasgos pertenecientes tanto a A. africanus como a A. afarensis.

Australopithecus garhi

Se encontró en la localidad de Bouri (cuenca del río Awash, al norte de Etiopía). Se fecha en 2’5ma. Fue descubierto en 1999, por un equipo de investigación dirigido por Berhane Asfaw y Tim White.

En un primer momento, los descubrimientos comprendían varios huesos poscraneales, entre los que se hallaba un esqueleto incompleto. Aunque estaban bien conservados y se pudieron fechar, no se atribuyeron a ninguna especie en concreto.

Fue en 1997 cuando el equipo descubrió restos craneales a unos 300m del lugar, pero situados en el mismo nivel estratigráfico. Estos restos sugieren que su cerebro no es más grande que el de un chimpancé: 450cc; son muy prognatos, tienen cresta sagital marcada, y presentan un alto grado de megadoncia (una dentición enorme, tanto molares como premolares; y su canino es muy ancho), siendo similar a la de P. robustus. A estos restos se les dio un nombre de especie nuevo, pues no poseía rasgos similares a los de ninguna otra especie australopitecina (garhi, de hecho, significa ‘sorpresa’).

Sin embargo, a día de hoy los primeros restos encontrados siguen sin ser clasificados. Sería interesante clasificarlos ya que revelan un cambio en las extremidades: el radio y el cúbito se hacen más cortos (similares a los nuestros) mientras que el fémur se alarga un poco.

Como recuerdo os dejo la foto de Lucy con Johanson y Arsuaga.

Galería de la Evolución: Mi amiga Lucy, Australophitecus afarensis

Estimados sapiens, seguimos comentando las especies que ocupan el espacio de la Galería de la Evolución en el MEH. Ante la inminente llegada de Donald Johanson a visitarnos. Hoy escribo de la especie que descubrió porque sé que Lucy se va a ruborizar para hacerlo ella misma. Así que este humilde heidelbergensis se ha permitido hacerlo.

Los restos de A. afarensis aparecen repartidos principalmente por toda la región oriental del continente africano: al Norte de Etiopía (en Hadar, en la desembocadura del río Omo y en el Awash medio), en el Norte de Tanzania (en la región de Laetoli) y en Kenia (en el Turkana occidental).
Es, sin duda, la especie australopitecina que mejor se conoce, ya que se cuentan con más de 300 individuos que aportan gran cantidad de información. Entre ellos, podemos destacar:

-          Lucy o AL 288-1. Fue descubierta en 1974 por Donald Johanson, en Hadar. Se encontró el 40% de un esqueleto, de un homínido de poco más del metro de altura y apenas 30kg. Gracias al fémur, la tibia y la pelvis se pudo confirmar un bipedismo absoluto. Lucy rompió todos los esquemas del siglo decimonónico: anteriormente, se pensaba que primero se había desarrollado el cerebro y, posteriormente, habríamos sido bípedos. Lucy demuestra todo lo contrario: con una morfología craneal simiesca contaba ya con una perfecta bipedestación.

Si pudiéramos comparar la pelvis de Lucy, con la nuestra o con la de un chimpancé, se puede observar que es más similar a la primera, siendo aplanada y abierta –características que vienen a aumentar la eficacia de la locomoción. Sin embargo, no existe una constatación firme de que A. afarensis tuviera la misma zancada y eficiencia en su desplazamiento bípedo. Principalmente, los científicos se basan en las diferencias en la pelvis (los abductores tenían que ser menos eficaces ya que el ilion está orientado más hacia atrás) y en las extremidades (piernas más cortas).

esqueleto de Lucy

 

 

-          Cráneo AL 444-2 (encontrado en la cuenca del Awash medio, por Tim White). El cráneo –casi completo- de este macho nos sirve para saber que existía un gran dimorfismo sexual. Al compararlo con Lucy se detecta: un esplacnocráneo muy prognato en la región subnasal, un neurocráneo poco desarrollado, presencia de crestas sagital y nucal marcadas…

Respecto a la mandíbula, continúa la evolución del anamensis: el canino es algo más pequeño, el esmalte sigue siendo grueso, al igual que el tamaño de los molares y premolares sigue siendo grande; la arcada es aún paralela y se mantiene el diastema.

El primer premolar inferior de afarensis tiene una pequeña cúspide interna y otra externa mayor. Este carácter es intermedio entre los chimpancés (que tienen una sola cúspide) y los humanos modernos (que tienen dos cúspides de tamaño similar).

A.afarensis posee un cráneo bastante parecido al de los grandes simios. Su volumen es de 404cc (poco más de una lata de refresco y similar al de los chimpancés). Tiene otros rasgos arcaicos[1]: su base acampanada y el hueso de la parte inferior está neumatizado (lleno de cavidades de aire), tiene prognatismo subnasal y la articulación de la mandíbula es poco profunda.

-          Selam o el bebé Dikika (descubierto por Zeresenay Alemseged, paleoantropólogo etíope). Con este nombre se bautizó a un esqueleto prácticamente completo de una cría afarensis. Sus restos se encontraron en una región entre el Awash y Gona; y en 1996 fueron publicados. Gracias a estos fósiles podemos reconstruir su desarrollo. Es un bebé hembra, que murió en torno a los 3 meses. Se ha fechado en 3’3ma. Su capacidad craneal es de 275-330cc, igual que el de un chimpancé cría. Se desconoce la causa de su muerte pero sí es cierto que el río arrastró su cuerpo y lo dejó enterrado enseguida, protegido de carroñeros y de procesos naturales de desintegración.

A partir de los restos de A. afarensis se confirma ese sistema de locomoción doble que nombramos antes. Por una parte, utilizaban los brazos y, por otra, las piernas. Desde luego, en el suelo, eran perfectamente bípedos (clara evidencia de bipedismo en las extremidades inferiores y en la pelvis). Por otro lado, su escápula se parece mucho a la de un gorila, por lo que se deduce que pasaba también mucho tiempo en los árboles (su clavícula,  omóplato y paquete muscular así lo sugieren).

El bipedismo también está respaldado por los rastros de pisadas fósiles de Laetoli (en el volcán Sadimán, Tanzania), fechados en 3’7 millones de años. En un tramo de 23m de longitud se registraron tres rastros de pisadas. El individuo más alto contaba con 1’45m de altura, y el más bajo con 1’24m.  Se documentaron los rastros gracias a que este grupo pisó cenizas todavía húmedas que, al secarse fueron preservadas. De hecho, no sólo se documentaron huellas australopitecinas sino también huellas de diferentes animales, lo que nos permite confirmar que vivían en una sabana seca.

Sin embargo, a pesar de la espectacularidad del hallazgo, está siendo bastante dificultoso proteger el yacimiento. Una vez enterradas las huellas, encima de ellas creció de nuevo vegetación y las raíces de las acacias las estaban deteriorando. Se hizo un muestreo en 1992 para valorar los daños: las zonas que no habían sido afectadas estaban intactas. Para proteger el resto y evitar nuevos daños se llegaron a envenenar 69 árboles, se hicieron nuevos moldes a partir del molde original de los años setenta (las huellas originales son, a día de hoy, demasiado frágiles) e incluso se colocaron materiales geotextiles que impiden la penetración de las raíces y mantienen el equilibrio hídrico entre superficie y atmósfera. Se han realizado planes de conservación diversos desde entonces, celebrando incluso una ceremonia con el pueblo masai y su líder espiritual para dar a entender la importancia de su conservación.

En cuanto a ecosistema, A. afarensis habitó (como ocurre con A. anamensis) una variedad de paisajes, entre los que se encuentran el bosque (en Hadar aparecen mezclado bosque, zona de matorral y praderas) o la sabana seca con escaso componente arbóreo (como en Laetoli).

“Arqueología primate”

El estudio de la evolución humana se ha enriquecido enormemente gracias al desarrollo de nuevas tecnologías que han permitido obtener más y mejores datos. En las excavaciones llevadas a cabo en Atapuerca los investigadores están usando escáneres de planta que permiten saber la localización y posición exacta de los fósiles. Nuestros vecinos del CENIEH también disponen de avanzados TAC’s (Tomografía Axial Computerizada) que les permiten “ver” el interior de los fósiles con un detalle extraordinario, aportando una  información antes impensable.

Pero no solo la tecnología ha supuesto un avance fundamental para ampliar el conocimiento sobre nuestros orígenes, también la incorporación de diversas disciplinas ayudan a confeccionar el escenario en el que vivimos por ejemplo los afarensis. A los datos aportados por la paleoantropología y la arqueología se añaden aquellos derivados de la genética, la primatología, la paleobotánica, la geología, zoología… y un largo etcétera.

Sabemos que algunos animales como los chimpancés utilizan diversas herramientas, cuyo uso se trasmite de forma cultural. Este descubrimiento supuso una auténtica revolución y nos ha aportado un campo de estudio sumamente interesante. Incluso, gracias a la arqueología, sabemos que los chimpancés ya  usaban la compleja técnica de cascar nueces utilizando piedras como “yunque” y “martillo” hace más de 4.000 años. Como ya os hemos contado en otras ocasiones, el estudio de la conducta y ecología de nuestros parientes primates puede ofrecernos información valiosa sobre nuestros propios orígenes.

Los investigadores también han tratado de comprender qué capacidades cognitivas y motoras son necesarias para fabricar una determinada herramienta, poniendo a prueba para ello al inteligente bonobo Kanzi, todo un experto en la elaboración de herramientas de sílex.

Pero ahora, un grupo de investigadores trata de explorar una nueva disciplina: la “Arqueología primate”. Al contrario de lo que pudiera pensarse, no  solo los grandes simios son capaces de usar herramientas. Desde hace un tiempo sabemos que los monos capuchinos también usan piedras a modo de “yunque” y “martillo” para cascar nueces.

Imagen de previsualización de YouTube

 

Además de estudiar esta interesante conducta, un grupo de investigadores ha decidido analizar los restos de esta actividad desde un punto de vista “arqueológico”.  Para ello, inspeccionaron y fotografiaron cada mes, y durante tres años, los escenarios donde estos monos practicaban esta conducta, recopilando datos sobre la cantidad de veces que una herramienta era usada, si esta era transportada, el desgaste sufrido, etc. Los registros fósiles del uso de martillos de piedra por parte de estos monos capuchinos revela patrones temporales y espaciales,  lo que confirma que este comportamiento “tecnológico” puede ser abordado desde el punto de vista arqueológico.

Además de los resultados concretos obtenidos en esta publicación, lo más interesante es que abre la posibilidad de explorar un nuevo campo de investigación que puede resultar útil para conocer nuestros orígenes. De este modo, podemos ampliar la visión del estudio de la tecnología hacia otras especies y compararla con la humana.

Por ejemplo, el hecho de que este comportamiento se produzca en especies tan separadas como los chimpancés que habitan en África (con los que los humanos compartieron un antepasado común hace aproximadamente 6 millones de años) y los monos capuchinos que habitan en América (con un antepasado común que se remonta a los 35 millones de años) podría ayudarnos a identificar los factores ecológicos y ambientales que han propiciado la aparición de esta tecnología en ambos grupos.

Cómo podéis ver en esta foto, también sabemos que, mientras que los monos capuchinos utilizan las piedras para romper nueces en una posición erguida, los chimpancés suelen sentarse, lo que les permite usar una mano para manejar el martillo y la otra para manipular la nuez. En un ancestro común , esta configuración podría haber supuesto una pre-adaptación utilizada por los humanos modernos a la hora de usar este tipo de herramientas.

A la izq. un mono capuchino, depié, usando una enorme piedra para cascar nueces. A la izq, un chimpancé, sentado, usando herramientas como yunque y martillo para cascar nueces.

A la izq. un mono capuchino, depié, usando una enorme piedra para cascar nueces. A la izq, un chimpancé, sentado, usando herramientas como yunque y martillo para cascar nueces.

Futuros estudios nos darán información sobre la importancia de este nuevo enfoque. Ahora debemos plantearnos que, en determinadas circunstancias, lo que el registro arqueológico nos depara puede ser producto de la actividad realizada por primates no humanos.

Australopithecus anamensis

Hola amigos sapiens, en el post anterior os conté -gracias a la sabiduría del equipo de didáctica del Museo de la Evolución Humana- datos generales sobre los Australopithecus, hoy me centraré en el Anamensis. Esta especie de Australopithecus fue propuesta por Meave Leakey, a raíz de que en 1994 su equipo keniata (Museo Nacional de Kenya) encontraran sus restos. En realidad, no se cuenta con una gran colección, pero fue suficiente como para constatarla como especie separada. Los fósiles de este hominino fueron encontrados en Kanapoi y Allia Bay (localidades del Lago Turkana, al norte de Kenya), y se fecharon en torno a 4’2-3’8/3’9 ma.

En un primer momento, los descubrimientos no fueron muy numerosos. Destacan, de esa expedición, restos craneales (como fragmentos de maxilar y mandíbula, numerosos dientes) como poscraneales (fragmentos de tibia o de un húmero que, aunque fue descubierto en 1970, se asoció a la colección). Gracias a investigaciones posteriores, la muestra ha sido aumentada hasta unos 50 especímenes y se ha corroborado como hominino. Su estructura no deja lugar a dudas: es totalmente bípedo, aunque lo combina con un desplazamiento arbóreo (como ocurre en Australopithecus posteriores).

Presenta gran cantidad de rasgos ‘primitivos’. Sus dientes presentan un proceso de expansión y esmalte grueso (lo que indica una dieta vegetariana pero ya diversificada). Sus caninos siguen siendo grandes, aunque más reducidos que en las tres especies anteriores. Y además, tiene rasgos derivados que no se documentan en especies posteriores de su género; por ejemplo, los orificios auditivos son reducidos y con forma elíptica, muy similares a los canales auditivos de los grandes simios (nuestros canales auditivos y el de Australopithecus más modernos son de mayor tamaño y con forma circular) .Gracias a fragmentos mandibulares, se comprueba que la barbilla es más huidiza que en Australopithecus posteriores y que su arcada tiende a la forma en U (como la de gorilas y chimpancés).

Con tan pocos restos no se puede asegurar el dimorfismo sexual, aunque probablemente era exagerado. Gracias a los huesos largos encontrados, se pudo determinar su peso entre 55 y 58 kg, pero no he encontrado datos sobre su altura estimada. Su capacidad craneal es muy pequeña, oscilando entre 320 y 380cc.

Como se puede valorar, amigos sapiens, A. anamensis es un gran descubrimiento como especie, ya que encaja perfectamente dentro del modelo evolutivo, combinando rasgos antiguos y más modernos.

australopithecus amanensis

 

Un último apunte de esta especie. Mediante los restos hallados en las dos localidades anteriormente nombradas, e le asocia a un marco variado de ecosistemas, desde sabanas arboladas secas, hasta praderas abiertas o también, a bosques de galería.

El próximo Australopithecus me tocaría hablar de Lucy, nuestra afarensis, pero para eso tenéis sus post en este blog, así que me la saltaré, con su permiso, y pasaré a otro.


Galería de la Evolución: Género Australopithecus

Antes de analizar cada una de las especies de Australopithecus diferentes que están conmigo en la Galería de la Evolución del MEH, os voy a comentar algunos rasgos generales de su género, con la colaboración de los monitores del Museo de la Evolución Humana. Naturalmente Lucy sabe mucho más que este humilde heidelbergensis de su propia especie y os invito a repasar sus entradas hasta el momento, y que me disculpe la intromisión, pero quiero seguir el orden con que los visitantes comprueban cada especie en mi casa.

Los Australopithecus habitaron diferentes zonas de África (este y sur principalmente), desde 4’2ma a 1’8ma coexistiendo algunos de ellos en el tiempo. Como comprobaremos más adelante, no es un linaje monofilético, sino que hay una gran diversificación dentro del género.

Aun siendo diferentes, compartieron los siguientes rasgos:

Bipedestación:

Todo el género Australopithecus está comprometido con la bipedia en su estructura morfológica: la situación del foramen así lo indica, respaldado por pelvis, fémures y tibias. Su bipedestación es absoluta. Incluso contamos con el rastro de pisadas fósiles de Laetoli para comprobarlo.

En cambio, el tórax es más similar al de un chimpancé: atonelado, con forma de embudo, debido a la gran musculatura que tenían en la parte superior del tronco (hombros y cuello). Sus brazos son largos (pues aún pasan tiempo en los árboles, como lo demuestran sus falanges curvadas) y sus piernas cortas.

Lo que no se puede asegurar es cuál de los dos métodos de desplazamiento utilizaban más, pero sí que combinaban ambas adaptaciones de manera simultánea, como sugiere su estructura anatómica en general.

Una vez confirmado el bipedismo en estas especies, los investigadores se preguntaron por qué la selección natural favoreció este rasgo. Aunque se han planteado diversas teorías, lo más acertado es presentar el modelo polifuncional con las ventajas básicas de la bipedestación:

-          Mejor termorregulación. Peter Wheeler (Universidad John Moores de Liverpool) propone que el bipedismo en sabana es ventajoso para la termorregulación, porque minimiza el área de exposición solar. Tengamos en cuenta que, todo animal que está activo a pleno día en un espacio abierto, es porque cuenta de algún sistema de mantener su temperatura bajo control y que no suba demasiado. Wheeler afirma que la postura erguida y una locomoción bípeda de los homininos consigue reducir el calor y el consumo de agua, ya que: (1) el sol índice en una porción corporal mucho más reducida (cabeza y hombros) que en una estructura cuadrúpeda (a lo largo de espalda y cabeza), (2) el aire presenta temperaturas más altas cerca del suelo, por lo que un bípedo disfruta de temperaturas un poco más frescas y (3) la velocidad del viento es superior a 2 metros de altura que a 1.  Es curioso señalar que estos mismos cálculos señalan que la pérdida gradual del vello corporal proporciona ventajas a un individuo bípedo, pero no a un cuadrúpedo de tamaño similar.

-          Incremento de ángulo de visión: en sabana abunda la hierba, lo que impide la visión. Éste es un ecosistema donde los carnívoros abundan, por lo que el bipedismo presenta una ventaja.

-          El bipedismo, aunque más lento, invierte mucha menos energía, ya que no utiliza todos sus músculos. Un primate encuentra los productos de su dieta muy espaciados, si se invierte menos energía será premiado por la evolución.

-          Favorece la anatomía en general, en concreto, al libre movimiento del brazo: en su movimiento, el omóplato y la clavícula se posicionan de nuevo para permitir 360º de movimiento.

-          Liberación de las manos ya que no interfieren en la locomoción. No es un tema baladí porque gracias a su liberación puede transportar cosas, como por ejemplo comida.  A diferencia de algunos cuadrúpedos que se ven forzados a comer en el sitio donde encuentran el alimento o que deben transportar el alimento con la boca, un bípedo lleva las de ganar a la hora de transportar más cantidad de alimento, moverlo de un sitio peligroso o en un ecosistema con mucha competencia.

Encefalización

Todos los Australopithecus presentan una capacidad craneal reducida, menor de 500cc. Y es preciso señalar que durante toda la existencia de los representantes de este género no existe un proceso de encefalización destacable.

 

Dimorfismo sexual

Este género presenta uno de los mayores grados de dimorfismo sexual del orden primate.

Podemos comparar el dimorfismo sexual que hay entre los machos y hembras Australopithecus por ejemplo, observando las mandíbulas. La mandíbula de un macho es bastante más grande y presenta un mayor desarrollo de los caninos.

Sabemos que las hembras medían poco más de un metro, mientras que los machos llegaban a los 1’5m. Es decir, que los machos presentaban un 50% más en talla y un 100% en peso, respecto a las hembras. Es realmente un gran dimorfismo sexual.

Es una clara indicación de estrategia de reproducción: utilizaban la poligamia temporal. Los machos peleaban por las hembras y la práctica sexual se reducía tan sólo a la cópula. Esta estrategia se observa en la mayoría de los primates, exceptuando a cuatro primates del Nuevo Mundo y a los gorilas, que utilizan la poligamia permanente con su harén particular.

Dentición y dieta

Como característica común, su dentición presenta caninos pequeños y molares de gran tamaño, mucho más grandes que los de los chimpancés actuales y primeros Homo.

Gracias al desgaste y abrasiones presentes en sus dientes, podemos confirmar el tipo de dieta. En determinadas especies, los dientes presentan particulares abrasiones lineales que indican una alimentación de recursos vegetales con gran importancia de hojas (como en el A. anamensis y el A. africanus) o presentan estrías o abrasiones diferentes (en mayor cantidad, más pronunciadas), que indican un consumo de alimentos más duros y, además, estacionales (como es el caso del P. robustus), tipo: tubérculos, raíces, nueces…

¿Son exclusivamente vegetarianos? Según los dientes, sí. Pero si analizamos sus huesos mediante estudios isotópicos demuestran que además de tener una dieta fundamentalmente vegetariana, tienen más restos de C4 que otros primates, lo que sugiere o que comían tubérculos o que comían pequeños animales (como termitas) que también comían tubérculos a su vez. De todos modos, sigue siendo un componente pequeño de C4, por lo que debemos decir que su dieta es vegetariana con un amplio espectro.

Parto

En un primate, el canal de parto es amplio, circular, por lo que la cría nace sin tener que rotar (es decir, de cara a la madre). Además, el 50% del cerebro se forma dentro del útero.

En una mujer actual, el canal de parto es más reducido debido a la reconstrucción de la pelvis. Es ovalado, por lo que sus crías deberán rotar, primero, a un lateral y después, una vez más, quedando a 180˚ de la posición inicial.

En el caso de un australopiteco, las crías nacen sin problema debido a su poca encefalización (tienen un 50% de desarrollo encefálico intrauterino). El canal de parto es ovalado. Algunos investigadores defienden que las crías sólo deberán girar un cuarto, pues podrán salir por su plasticidad. Mientras que otros defienden que giran 180˚, por los hombros.

 

Galería de la Evolución: Los primeros homínidos

Estos días voy a comenzar una serie de post sobre los homínidos que habitaron la tierra y que mostramos en la Galería del Museo de la Evolución, para ello he contado con la inestimable colaboración de unos sapiens imprescindibles en el Museo, como son los monitores del departamento de didáctica, algunos de ellos con tesis universitarias, publicaciones en revistas científicas y casi siempre con la sonrisa en la boca. Son mis grandes aliados en el MEH, aunque no todos tienen twitter ni un blog.

Empecemos, entonces, con las tres especies homininas más antiguas documentadas a día de hoy. Existe un debate entre las tres, pues todas ellas son cercanas a nuestro antepasado común con el chimpancé y se especula sobre cuál es la más antigua y sobre cuáles realmente merecen incluirse en la subtribu hominina.

Sahelanthropus Tchadensis

Entre estas tres primeras especies, ha sido la última en ser descubierta, siendo publicada en Nature en 2002. Tiene una antigüedad de 6-7 millones de años. Aparece en el Chad (yacimiento de Toros-Menalla), no en el Rift y, por lo tanto, se sale de la teoría de Yves Coppens.

Los primeros restos encontrados consistían en un cráneo casi completo, dos fragmentos del maxilar inferior y algunos dientes encontrados por un equipo de investigadores encabezados por Michel Brunet (Universidad de Poitiers).

Presumiblemente podía ser clasificado como hominino, ya que se documentaron rasgos derivados como: la modificación de la dentición (reducción del tamaño de los caninos, principalmente), prognatismo subnasal atenuado y localización más centrada del foramen magnum (que podría llegar asociarse a una especie bípeda).

En cuanto a morfología craneal, se aprecia un torus supraorbital muy desarrollado y grueso. Es prognato, pero para ser el primer representante de nuestro linaje (como defienden sus descubridores) no cabría esperar un esplacnocráneo tan plano.

Aunque la mayor parte de los paleontólogos lo admiten como hominino, algunos equipos (franceses e investigadores estadounidenses, principalmente) lo rechazan. Según estos, el canino es demasiado pequeño como el de algunos hominoideos del Mioceno, como el Kenyapithecus. De hecho, el desgaste horizontal también es propio de otros hominoideos como el Ouranopithecus. Por ello, su condición de hominino es dudosa.

El problema que se plantea con Sahelanthropus es que no se puede asegurar, con los restos y evidencias actuales, que esta especie fuera bípeda. A la hora de analizar el cráneo de Toumai (holotipo de esta especie), concentrándonos en el plano nucal, se puede observar la protuberancia occipital. Esta protuberancia, en humanos se sitúa por encima de la oreja en un plano nucal pequeño; mientras que en los chimpancés aparece muy elevada en un plano nucal grande que soporta una gran inserción muscular (lo que indica una anatomía en ángulo oblicuo). En el caso de Toumai, el plano nucal es grande, la protuberancia está muy elevada y el foramen está desplazado hacia el interior. Por lo tanto, podría no ser bípedo. De hecho, el plano nucal de un gorila es bastante similar y de ahí que no sea muy aceptado en el panorama científico.

Orrorin Tugenensis

Un equipo de Yail llevaba excavando en la zona desde hacía unos treinta años, pero nunca habían encontrado ningún resto perteneciente a una especie hominina. Fue, de hecho, un equipo franco-kenyata (el mismo que defiende que el Sahelanthropus es un gorila), liderado por Brigitte Senut –del Museo de Historia Natural de París- y Martin Pickford –Comunidad de Museos de Kenya-, el que encontró un individuo presumiblemente hominino. Se fechó en 5’9-6ma[ de años.

En 2001 fueron publicados los restos de 12 fragmentos óseos pertenecientes a cinco individuos, en su mayoría, son restos postcraneales. Recibió el nombre de Orrorin que significa ‘hombre originario/verdadero’ y tugenensis, porque fue encontrado en las Tugen Hills, en Kenya.

Orrorin posee ciertos rasgos destacables en su morfología. En cuanto a su dentición tiene dientes pequeños, aunque con esmalte grueso (rasgo arcaico). Mantiene el canino largo, pero relativamente más pequeño que el de un chimpancé. En cuanto a rasgos poscraneales, los huesos del brazo (un húmero bastante largo) y los dedos sugieren una anatomía similar a la del chimpancé, adaptados a la braquiación.

En cambio, su fémur es sorprendentemente moderno; por él, podemos intuir que era bípedo (debido a que la cabeza del fémur es grande; y el hueso está más desarrollado por detrás). Pero nos falta el extremo distal de este hueso, que sería clave para asegurar su bipedismo. Hasta que no se encuentre, no se puede confirmar. A pesar de ello, la idea mayoritaria es que sí se puede considerar  hominino..

Fósiles de criaturas boscosas como los colobos y habitantes de hábitats abiertos como el impala, se encuentran en los mismos estratos que O. tugenensis, lo que indica que el ecosistema era una mezcla entre bosque y sabana.

Ardipithecus kadabba y ramidus

La primera vez que se publicaron restos de Ardipithecus fue en 1992, en la revista Nature.  Esta especie fue propuesta por un equipo de la Universidad de Berckeley, liderado por Tim White. Fechados entre 4’5-4’2ma, los fósiles fueron encontrados en el norte de Etiopía, en el río Awash.

A otros de los restos, por el hecho de ser más antiguos (5’2-5’7ma) se les ha otorgado un nuevo nombre: Ardipithecus kadabba, pero son similares. Haile-Selassie (su descubridor), los clasificó en un primer momento como una subespecie: Ardipithecus ramidus kadabba; pero tras nuevos hallazgos, lo ascendieron al rango de especie, pues su dentición es algo más primitiva obliga a nombrar un nuevo taxón.

En cuanto a A. ramidus, no cabe duda de que es un homínido; se disponen de más de 60 individuos que presentan las siguientes características: caninos largos, dentición más reducida, con poco grosor de esmalte (aún se alimenta con mucha fruta); tiene un esplacnocráneo muy prognato, con un torus muy saliente; su tronco es simiesco (con una forma muy aproximada a la de un chimpancé).

Destaca, sobre todo, el esqueleto de una hembra (bautizada como ‘Ardi’; tenéis una reconstrucción en la imagen) que apareció extraordinariamente completo. Como los huesos (un total de 125) eran muy frágiles, las reconstrucciones se hicieron gracias a escáneres tomográficos. Destacó sobre todo, su dedo gordo del pie cuyos rasgos son propios de primates antropomorfos: no está alineado con el resto de dedos, sino que la superficie de unión apunta en otra dirección, de tal modo que el dedo gordo se puede separar de los otros y oponerse a ellos. Ardi es un cúmulo de rasgos-mosaico: muestra ese dedo gordo oponible (asociado a un desplazamiento

por braquiación) y un pequeño hueso llamado os peroneum (un rasgo presente en el linaje hominino y ausente en grandes simios actuales) que le mantiene la planta del pie más rígida. De esta forma, se defiende que a pesar de mostrar un gran componente arbóreo, era totalmente bípedo (confirmado igualmente, por la pelvis con rasgos transicionales hacia las caderas modernas; y metatarsos). Su mano también llama la atención, pues es corta  y flexible con dedos largos, muy propia del resto de primates y adaptada a un desplazamiento arborícola.

Si todo lo que afirman sus investigadores es cierto, nuestros antepasados no pasaron por una fase de locomoción apoyando los nudillos (en realidad es muy improbable que hubiesen heredado caracteres similares a los del chimpancé y luego, las hubieran perdido más o menos hacia la época de A. ramidus).

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Monos conformistas en el ascensor

“Dónde fueres, haz lo que vieres” es una frase que utilizáis frecuentemente los sapiens y que se traduce en una forma de adaptarse al entorno que nos rodea. También podría ser una buena forma de definir la conformidad social, es decir, el grado en que cambiamos nuestro comportamiento, opiniones y actitudes para encajar con los del grupo.

Existen numerosos experimentos que han estudiado la conformidad en los humanos. Uno de los más famosos es el realizado por el psicólogo Solomon Asch en 1951. En este estudio, el experimentador mostraba dos tarjetas a un grupo de estudiantes y les pedía que identificaran cuál de las tres líneas de la segunda tarjeta tenía la misma longitud que la de la primera:

Experimento Asch (1951)

Experimento Asch (1951)

Probablemente a todos vosotros os resulte bastante fácil dar una respuesta correcta a esta pregunta, es decir, elegir la opción C. Sin embargo, en este experimento  todos los participantes excepto uno eran en realidad cómplices del investigador, siendo el restante el foco del experimento. Este sujeto estaba colocado en una posición en la que debía contestar después de haber escuchado la mayoría de respuestas del grupo.

Cuando todos los sujetos daban la respuesta correcta nuestro sujeto también lo hacía. Sin embargo, después de que en varias ocasiones el resto de estudiantes diesen una respuesta incorrecta, el sujeto comenzó a dar la misma respuesta que el resto del grupo. Lo que Asch encontró fue que hasta un 75% de los sujetos podían dar respuestas incorrectas intencionadamente para coincidir con las respuestas del grupo.

Aunque como demostró este experimento la conformidad puede conducirnos a tomar decisiones erróneas e incluso llevar a resultados catastróficos, lo cierto es que también resulta sumamente útil para la vida en grupo. Sin una cierta conformidad vivir en sociedad resultaría enormemente difícil.

Otros estudios han mostrado que algunos primates no humanos también se ven influenciados por la conformidad, lo que podría suponer que esto ha ayudado a la vida en grupo e incluso al aprendizaje social. En uno de ellos, un grupo de investigadores estudió cuatro grupos de monos vervet en Sudáfrica. Les dieron a cada grupo una ración de maíz teñido de color rosa y otra teñida de color azul. En dos de los grupos el maíz azul sabía mal, mientras que en los otros dos restantes el maíz con mal sabor era el de color rosa.

Después de unos meses, los investigadores cambiaron el maíz que sabia mal por un maíz del mismo color, pero sin mal sabor. Aun así, los monos siguieron comiendo el maíz que aprendieron a comer en el pasado. Cuando las crías de aquellos grupos, que nunca habían probado ningún maíz, tuvieron la oportunidad de alimentarse junto a sus madres, los pequeños sólo comieron el maíz del color que sus madres comían.

Aun más interesante resulta el hecho de que al intercambiar algunos de los monos entre grupos con diferentes preferencias por un color de maíz (azul o rosa), los recién llegados adquirieron la misma preferencia que su nuevo grupo y contraria a la del antiguo.

En otro estudio con dos grupos de chimpancés los investigadores diseñaron un artilugio que podía ser manipulado de dos maneras diferentes para obtener el alimento que estaba en su interior. Escogieron a una hembra de cada grupo, y después de enseñar una técnica diferente a cada una las devolvieron a su grupo. Al cabo de un tiempo, el resto de sus compañeros aprendieron de su “experta local” la misma técnica. Lo más curioso es que, incluso aunque algunos chimpancés aprendieron la técnica alternativa (la del otro grupo), mostraron una preferencia por usar la de su grupo, lo que indica un sesgo de conformidad.

Para algunos autores el deseo de comportarse como otros y la habilidad de copiar su conducta podrían haber evolucionado conjuntamente, permitiendo a los individuos que se beneficiaran al máximo del conocimiento y costumbres que los rodeaban. Ya hemos explicado que ciertas conductas que los primates aprenden socialmente, como cascar nueces, requieren años de entrenamiento. Puesto que durante todo ese tiempo las recompensas son escasas e incluso los pequeños chimpancés se llevan algún que otro golpe, su interés en copiar esta conducta podría también tener que ver con su “deseo por encajar en el grupo”:

Macacos japoneses

Macacos japoneses

Esto también podría explicar por que algunos primates copian conductas que aparentemente no conducen a ningún objetivo. Existe un grupo de macacos japoneses en una montaña cercana a Kyoto que ha adoptado la curiosa costumbre de frotar piedras. Esta conducta, que perdura en el grupo desde hace décadas, consiste en recoger guijarros o pequeñas piedras que se llevan a un rincón tranquilo para después frotar o golpear unas con otras. Los monos jóvenes copian esta conducta de los adultos sin que exista ninguna otra recompensa aparte del sonido que producen.

En su libro “El simio y el aprendiz de sushi”, el célebre primatólogo Frans de Waal habla de otras “modas” llevadas a cabo por otros primates que podrían deberse a esta motivación por encajar en el grupo:

“… Uno de los chimpancés adultos se hizo daño en un dedo de la mano y andaba apoyándose en la muñeca doblada en lugar de en los nudillos. Durante la misma época en la que andaba cojeando de esta extraña forma, todos los jóvenes del grupo caminaban apoyándose también en sus muñecas. No lo hacían necesariamente cuando estaba presente el macho herido, sino que lo hacían en todas partes y a todas horas. Se convirtió en una moda”. 

Según este punto de vista el aprendizaje BIOL (Aprendizaje observacional basado en los lazos de parentesco y en la identificación con los congéneres) sería una forma de aprendizaje originada en el deseo de ser como los otros. Tal vez los sapiens penséis que en los humanos las cosas son distintas y la conformidad no se da en situaciones en las que no se busca un objetivo. Es decir, que nunca os pondríais a frotar piedras por mucho que otros lo hicieran, pero lo cierto es que este otro experimento del ya mencionado Asch apunta lo contrario:

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